jueves, 9 de agosto de 2012

LAS TRES INTRÉPIDAS


deia.com
Llegaron las tres a la estación de tren intentando esquivar cualquier obstáculo que pudieran encontrar en su camino. Sumando sus años apenas pasaban de los veinte. Si luego los dividimos, podemos comprobar que eran, no sólo menores, sino que podemos llamarlas niñas. ¡Pero qué niñas!! Eran realmente intrépidas, atrevidas, habladoras y espabiladas como un lince.
Ni recordaban el momento en el que surgió la idea que poco a poco fue creciendo en sus cabezas, pero eso en realidad no importaba.
Llegaron a pensar que sería más divertido llevarse también al primo Álvaro, un chico tan espabilado como ellas, aunque más pequeño todavía, pero pronto lo descartaron. Eso sería mucho más difícil.
Llevaban tiempo planificando ir de vacaciones a Barcelona toda la familia, pero no las tres atrevidas en solitario, que por muy altas que estaban no podían engañar a nadie, ni siquiera a simple vista.
Ninguna recordaba, o no quería recordar de cual de ellas partió la idea de ir solas de vacaciones. Pero eso en realidad no le importaba a nadie.
La mayor de las tres niñas intrépidas se llamaba M. Eugenia; como era un nombre un poco largo, cuando nació la segunda pensaron sus papás que la llamarían Julia, un nombre algo más corto. Al nacer la tercera, entre uno corto y el otro más largo se decidieron por el nombre de Patricia, que no es que sea demasiado corto, pero eso siempre se puede remediar acortándolo: así pues terminaron llamándola Patri.
Habían discutido mucho la manera de sacar los billetes en la estación del tren, pero como por norma natural casi siempre pretendían hablar todas a la vez, pues pasaban las horas sin que consiguieran ponerse de acuerdo. Resumiendo, el dinero lo habían conseguido, abriendo la hucha que cada una tenía en un lugar secreto, porque lo de los secretos y las aventuras las ponía locas de contentas.
El tema de sacar los billetes sin levantar sospechas no lo habían resuelto, por eso de hablar a la vez y no escucharse mutuamente. Así que cuando llegaron a la ventanilla, fue cuando se dieron cuenta que no tenían una buena explicación por si les preguntaban a donde iban solas.
Justo, en cuánto la señorita de la ventanilla les echó el ojo encima abrió mucho los ojos.
-¿Vosotras viajáis solas?
-Sí, bueno no, sólo hasta la estación que viene, allí están nuestros padres esperando.
-Eso es muy raro, ¿por qué no están con vosotras?
Fue entonces cuando se percataron del peligro de no tener una buena coartada bien pensada, porque ellas si se ponen a pensar, lo piensan todo. Ahora se les iba a caer el pelo, aunque pelo tenían mucho las tres..
Sus cabezas pensantes se pusieron en marcha a toda velocidad. M. Eugenia por ser la mayor, trató de ser la más rápida en encontrar una explicación razonable. Pero sólo un segundo más tarde que ella empezara  a decir algo que pareciera convincente, Julia hizo otro tanto; seguida o igualada por Patri, que también había encontrado algo sensato. La mayor dijo que sus padres se habían adelantado, porque su tita, hermana gemela de mamá la había llamado por teléfono, para decirle que era urgente que hablaran. Por eso vamos nosotras detrás.
Como que hablaban a la vez, fue esa parte la que escuchó la señorita de la ventanilla, porque todo a la vez era imposible.
Las tres levantaban mucho la cabeza mientras hablaban, de manera que pudieran parecer mayores. Un torrente que era como una cascada de agua cristalina que cayera de la sierra, caía sobre las orejas atentas de la señorita. Iba con la vista de una a otra tratando de pillar algo, quería escuchar alguna cosa razonable que tuviera sentido. Pero después de un buen rato, estaba desquiciada y ellas no parecían cansarse, pensó la señorita, que la que estaba a punto de perder el sentido era ella. Entonces bramó.
-¡Silencio!! Quiero ver ahora mismo si tenéis dinero suficiente para esos billetes y, aunque me expulsen de RENFE, vosotras cogéis el tren hasta Barcelona, porque ya me he enterado de sobra de todo lo que habéis dicho. La verdad es que la señorita no se había enterado de nada, pero veía como de su cabeza salía humo que iba para arriba y calentaba la estación. Nada más quería escuchar. ¡Pues no la iban a volver loca aquellas pícaras!

Continuará

4 comentarios:

maria eugenia diaz canon dijo...

que ñiñas mas malas yo mariu digo que esto me refleja muy pero que muy bien

Maria Naranjo dijo...

Si dices que son malas, cómo van a reflejarte con lo buena que tu eres.
Besitos para las tres.

Luis dijo...

Estas intrépidas, imagino que en esta escapada aprenderan que no es bueno irse de casa.
Saludos para todos

C. Patricia Díaz dijo...

Hola tita, soy Julia, acabo de leer el cuenta con la tita C. Patri. Este fin de semana estoy en la casa de mi tita. Un beso para todos y especial para el primo Alan. Nos acordamos mucho de él.