martes, 5 de agosto de 2014

CUENTOS DE ALAN... LOS TRES EN LA PLAYA

Tres pillines

¡UHF!, cuanto trabajo tengo ahora. Además de ayudar a mamá a muchas cosas: a cocinar, a recogerlo todo, tender la ropa. Si jugamos, enseguida hay que recoger otra vez. Pero todavía tengo que cuidar a la pequeñaja. Todo el rato quiere estar jugando, viene detrás de mí y nunca para, me da guantazos, plas plas, me tira de las orejas, y ahora porque me he cortado el pelo, porque antes cuando lo tenía largo también me tiraba del pelo. Es que Irene es una loquilla. Siempre se ríe de todo y va gateando todo el día, pero ella quiere que vaya con ella también gateando. Bueno, aunque yo ya soy grande muchas veces voy con ella. Lo que no me gusta es que coja los trenes, porque lo que hace es tirarlos al suelo y eso no puede ser. Por eso no le dejo.
Hemos estado en la playa, que también han venido los abuelos que acaban de venir de Madrid. La otra semana estuvimos muchos días: papá no se pudo quedar porque tenía que trabajar, mamá se iba por la mañana y llegaba corriendo por la tarde y nos íbamos a la playa. En la playa lo pasamos muy bien porque nos gusta nadar mucho y con mamá es muy divertido. A veces me dice que le enseñe las manos y entonces vemos que de tanta agua se arrugan y dice, que mis manos son como garbanzos en remojo.
A Irene también le gusta mucho estar dentro del agua, porque además si estuviera en la arena, como todo se lo lleva a la boca, entonces comería arena. Por eso tiene que estar todo el tiempo en en el agua. el otro día me caí y me hice sangre en la nariz. Me dicen que no corra tanto, que por eso me caigo, pero es que me gusta mucho.

Alan

Yo soy Irene
Es verdad que me gusta jugar, estaría todo el rato jugando con mi hermano. Aunque a veces no me deja, pero muchas jugamos los dos y eso es lo más divertido. A mí me gusta mucho meterme debajo de las sillas, debajo de la mesa y él me sigue a veces. Así me divierto mucho. Pero hay una cosa que no me deja hacer nunca: es jugar a los trenes, me dice que no y parece que está enfadado. El otro día me puse a llorar y la yaya me cogió y se vino a jugar conmigo a otro lado.
Estar en la playa me ha gustado mucho, porque en el agua se pasa muy bien. Después vino el primo Lucas, pusieron una tienda de campaña y yo también me quedé dormida con él.
En la casa nos divertimos también, salimos por una puerta a la terraza, damos la vuelta y entramos por la otra. Tenemos un camión grande que llenamos de cosas. Con las pinzas de la ropa también podemos jugar, porque las ponemos en los cubos de la playa y luego las tiramos otra vez y hacemos ruido. A mí me gusta dar golpes en la puerta de la terraza, pero la yaya no me deja, pero Alan sí, y me dice que lo haga y entonces él se ríe mucho. 
Dicen que nos vamos a ir cuando pasen unos días de vacaciones. Lo más guai, es que nos vamos a ir, los papis, mi hermano y yo. Tengo muchas ganas, es que estas son mis primeras vacaciones.
Yo sé ya decir algunas palabras: ya digo mamá, papá, tata y yaya, pero digo más y pronto diré muchas, pero no sé si llegaré a hablar tanto como Alan que no para nunca.
Irene 

Yo soy Lucas: 

no sé si es que estamos de vacaciones, o es que la vida es así. La verdad es que lo paso muy bien: unos días vamos a la playa, otros, vamos a casa de los yayos que tienen una casa grande y una piscina muy bonita. Lo paso muy bien con ellos siempre que vamos. Lo de la piscina grande, no me dio miedo ni nada un día que me metieron. Mis papis me dicen que es porque soy un valiente, pero no sé si es por eso. También cuando voy a la casa de la piscina está una tita que se llama Melani y creo que también me quiere mucho.
En la playa también tenemos una piscina, pero es muy pequeña, aunque es divertido, porque también se meten mis primos: Alan que es muy grande ocupa mucho espacio, Irene también se mete en la piscina y cuando los tres damos manotazos el agua se sale fuera.
Hoy hemos estado la yaya, mamá y yo en un sitio donde había muchas tiendas. A mí como me gusta ir a todas partes lo he pasado bien. Me gustaba mirar las luces que eran muy bonitas. Lo bueno que tiene cuando vamos por ahí, es que cuando me da hambre mamá me da de comer enseguida, y ya estoy contento otra vez y no tengo que llorar para que se de cuenta de que tengo hambre. Dicen que todavía lloro muy fuerte, no sé, yo sé llorar así, pero sólo cuando necesito algo, porque a mí me gusta mucho reír y hacer ruidos, que dicen mis papás que eso es hablar, o cantar, bueno, no sé. Pero me gusta más reir
Lucas

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