A ti que has mirado este blog, a todos los que sienten la soledad en estas fechas señaladas. A los que no tienen techo, ni comida. A los sin papeles que están perdidos en un limbo sin saber cuando se encontrarán. Todos estáis en mi corazón. Yo me siento afortunada, entre el cielo y la tierra tengo muchos ángeles y me gustaría poder compartir mi dicha con todos aquellos que estáis solos.
Y para todos en general, que sean unas fiestas entrañables, que un ángel nos guíe para encontrar la paz.
CUENTO DE NAVIDAD
vice.com
La niña estaba sentada en un rincón en una silla pequeña. Allí se sentía más tranquila, aunque no sabía por qué. Estaba sola dentro de la casa que en realidad apenas era una cabaña fabricada con maderas viejas, unidas con algunos clavos y alguna que otra cuerda. Había estado llorando y luego salió a la calle y empezó a caminar entre la gente. Todos llevaban regalos con lazos grandes que brillaban. Parecían contentos. Se decían unos a otros cosas como: Feliz Navidad, o Feliz año nuevo. Cuando volvió a casa se sentó en el rincón y lloró durante mucho rato. A ella nadie le diría esas cosas, con las que la gente parecía ponerse alegre. Ella ni siquiera tenía comida. Bueno, sí tenía un trozo de queso que se encontró por la mañana. Lloró tanto que se quedó dormida encogida en aquel rincón que parecía que a veces la consolaba. Se despertó cuando tenía mucha hambre y cuando termino el queso todavía tenía más hambre. Entonces volvió a llorar.
De pronto la envolvió una luz radiante y la niña abrió mucho los ojos. Tenía ante si una mujer bellísima, con los cabellos de oro y la sonrisa más bonita que ella pudiera recordar. Durante un tiempo que a la niña le pareció muy largo no se pronunció entre las dos ni una palabra.
-¿Qué haces aquí sola?, dijo al fin la mujer
-Vivo aquí.
-¿Y tu mamá?
-Hace tiempo que no está.
-¿Y tu papá?
-Tampoco, debe estar con mamá.
-¿Tú como te llamas?
-Me llamo Luz.
La niña, vio como la mujer se iluminaba y se quedó algo sorprendida.
-¿Has visto cuánta luz tienes?, preguntó la niña.
-No es mía esa luz, es tuya que la proyectas en mí.
La niña quedó pensativa. Notó de pronto que ya no tenía hambre.
Tienes que venir conmigo, esta noche no puedes quedarte sola, la Nochebuena hay que compartirla con los demás. La niña pensó que la llevaría con su mamá y se puso muy contenta. Le dio la mano y caminó junto a ella. Después de mucho rato caminando y mirando por la ventana de algunas casas se detuvieron. Llamaron a la puerta y al cabo de unos minutos abrió la puerta una anciana.
No dijo nada, pero su mirada se entristeció al no ver a su mamá como ella había pensado.
-Pasar, no os quedéis en la puerta, invitó la anciana.
El olor que se extendía en el comedor, consiguió que el estómago de la niña diera un salto y recordara el hambre que llevaba a cuestas.
La mesa estaba preparada para dos comensales y, aunque de una manera sencilla denotaba que era un día de celebración.
-¿Nos estabas esperando?
preguntó la niña intrigada.
-No, no sabía que ibais a venir. yo cada Noche buena espero a mi hija, se fue hace mucho tiempo y no he sabido nada más de ella. Pero no pierdo la esperanza y cada Navidad preparo la mesa para ella, aunque no venga.
La mujer esbozó una sonrisa.
Acercándose a la anciana, con una voz, que solo los ángeles pueden emitir dijo. -Tu hija, hace tiempo que emprendió un camino que ya no tiene retorno. No lo quiso ella, fue el destino. No tuvo tiempo de enseñarte lo que más quería, pero me envía, para que las dos podáis compartir la navidad. Después, podéis decidir que hacer los días y las noches que vendrán.
Se abrazaron la niña y la anciana, y un resplandor iluminó toda la casa. Se volvieron para agradecer a aquella mujer con cabellos de oro aquel encuentro, pero no la vieron por ninguna parte.
-Esa es la magia de la Navidad, dijo la anciana.
María



2 comentarios:
Tan entrañable, como la propia Navidad.
A ti que escribes hermosas palabras, te deseo un feliz año y toda la suerte del mundo.
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