miércoles, 18 de marzo de 2020

TU CORAZÓN EN MI PECHO... POEMA DE JESÚS ANDRÉS PICO...


                                                                         bohemia.cu

TU CORAZÓN EN MI PECHO

Se detuvo la tarde de repente,
un arrebol de cielo derramado
le perlaba la frente de cristales
al día más amargo de tu vida.

En la piel asombrada del asfalto
el ocaso decía su agonía
con una lenta y roja nota rota.
Y era la soledad, y era la noche,
era la oscuridad sabor de cobre.

El ulular creciente de ambulancias
le clavaba al silencio gritos de oro.
Una urgente esperanza estremecida
al llanto se aferraba y a las gargantas
en un ansia encalada de pasillos.

La vida se paró como otras veces
sobre el negro trazado de la suerte.
Pero esta vida, ¡ay!, era tan nueva,
tan cercana era a todos que dolía
como duele un hermano, duele un hijo
en el vacío lugar de la caricia.

Eras joven, venías, como todos,

a llevarte la vida por delante.
Pusiste el corazón sensatamente
a respirar para otros si llegase,
solapada y cruel, la muerte un día.

Yo fui joven también y aún no comprendo
que una flor se derrame en la mañana
y otra aguante tronchada contra el viento.

Y me duele tener entre las manos
un pétalo de luz y de desdicha
para seguir viviendo y ser deudor
de este silencio tuyo eternamente.

De los muertos que fueron necesarios
para ser el que soy y que me asombre
de escribir esta tarde algunos versos,
-mis ancestros, poetas, caminantes-
vienes tú a ponerme la alegría,
la mezquina esperanza de vivir
siquiera sea unas migajas más
renovando el latido de mis venas.
Y no tengo palabras para el llanto,
que tu junco quebrado ha provocado.

Tu corazón, latiendo por mi pecho,
poniéndole a mi sangre la ilusión
de ser savia de nuevo y darme vida,
no mitiga el dolor de tu familia,

el enorme dolor de aquellos padres
sobreviviendo al hijo, soportando
el tiempo desolado y la terrible
torrentera del llanto y las palabras
como lluvia monótona que un día
ha de secar el sol, callar la vida.

Ahora vives en mí y en el recuerdo
del generoso darte para otros.
Y ha de saber el mundo que te debo
los segundos más vivos, el motivo
de creer en los hombres todavía.

Tu corazón que late alegremente,
desprendido motor para dos cuerpos,
se ha de parar un día, bien cumplida
la misión con que fuera concebido.
Mas arderá su llama en estas líneas,
recuerdo de ese don que deslizaste,
sin nombre y con amor, hasta mi sangre.

Se detuvo la tarde de repente,
el arrebol de cielo derramado
era un alba de luz sobre la noche,
un corazón latiendo con más ánimo,
una vida entregada por dar vida,
el don de la esperanza dispersado.

Jesús Andrés Pico



Leyendo este precioso poema, sin apenas darme cuenta he volado al hospital, a la segunda planta. Puedo ver los pijamas azul celeste, puedo ver los ojos brillando de ilusión, al final del pasillo casi todos juntos, esperando ver llegar a las madres, que a su vez llegan con el corazón en la boca después de las obligadas horas de separación. Los ojos de Laura brillando como un rayo de sol. Se detiene la vida en un instante, mientras un abrazo nos funde resarciéndonos de una lejanía difícil de aceptar, y encontramos un rinconcito en el cielo un día más.
Pedro, buscando a su madre con los ojos. Quien más le quiere. José Luis, María Dios, Eduardo... tantos y tantos que llevo en el corazón después de tanto tiempo.
La escuela, donde nos reunimos para dibujar, para leer o simplemente para pasar el tiempo largo que nunca se acaba. pero se acaba a veces y el mundo entonces se nos rompe a todos.
Una familia, muchas familias convertidas en una, el corazón latiendo al mismo compás. Las ilusiones convertidas en una. Viendo la vida pasar en un anhelo que traspasa cualquier barrera. 
Buscando un día más, un año más si pudiera ser, y si conseguimos muchos años, nos subimos a una nube y allí cantamos y bailamos.
En los peores momentos, todos compartimos el dolor, aunque todos en silencio. Un éxito es de todos y se amplían las sonrisas hasta el infinito.
El donante, todo bondad que ya sube sobre una nube, dejando atrás el dolor de su familia. También la ilusión, la esperanza de una vida nueva sin la maquina, liberados de las ataduras de la insuficiencia. La felicidad entonces, no se puede comparar a ninguna otra.
Así pasamos los días. La vida camina despacio, a veces sin poner los pies en el suelo, buscando esperanzas, amando como si no hubiera un mañana.

María

4 comentarios:

jesus andres dijo...

Gracias, María, por ponerle alas a ese corazón latiendo por dos, por miles de pechos, cumpliendo con la misión del poema: darse a los demás y latir, latir, latir... Latir y respirar por las redes y los hogares en momentos tan difíciles como los que vivimos.

Maria Naranjo dijo...

Sí Jesús, que vuele por el aire como forma de solidaridad y de esperanzas en los humanos.

Araceli Moretó dijo...

No sé què me gusta más, si el poema o tu forma de ponerle alas, Maria. Por si acaso doy un bravo por los dos. Armonía en ambos escritos, poema y prosa. Alas hacia ese cielo que ahora nos observa confundido por tanto caos y encierro.

Maria Naranjo dijo...

Gracias Araceli. Ahora tenemos más tiempo de entrar en las redes. Que sea leve para todos.
Besos.