sábado, 4 de abril de 2020

LA MADRE TIERRA...


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Veo como flota una pregunta en el aire; ¿Aprenderemos algo de este encierro?, ¿sabremos leer esos renglones que se descuelgan del aire, esa voz que se desgarra cascada y enferma de las cuerdas vocales de esta tierra que nos soporta. Lleva tiempo hablando, nos mira y nos dice: ¡basta ya!, como no escuchamos, agita los volcanes, que después envían sunamis. (Que algunos toman a broma esta palabra y la utilizan para implantar sus ideas).
La lluvia, golpea enfadada y arrastra cuanto hay a su paso. Después llegan las sequias. Los polos Norte y Sur se derriten y es una parte del cambio climático, ese que todos sufrimos y seguiremos sufriendo, no sé cuanto tiempo, ni en qué medida.
Mientras tanto, la gente, como bandadas de pájaros vuelan descubriendo otras gentes, otras costumbres y cosas maravillosas del mundo. Consumimos recursos que la tierra nos regala, pero que no son infinitos, y contaminamos el aire, y contaminamos los mares y no pensamos en el mañana de nuestros nietos.
Luego están las guerras, el éxodo de emigrantes huyendo, buscando un refugio para sentir, que también son herederos del paraiso terrenal que recibimos.
Soy consciente, que no volveremos a la época de las cabernas, estamos en una sociedad consumista, en paises capitalistas. Cierto. Pero mi cabeza se niega a creer que nada podemos hacer. Pienso, que solo hay una forma de mejorar nuestras vidas, de ayudar al planeta, de dejar que sigan viviendo nuestros nietos, las personitas más adorables de la sociedad. La espiritualidad, es lo único que nos podría salvar. Tú te cuidas, cuidas a los demás, cuidas al planeta. Dejamos la ambición en los basureros, el egoismo lo lanzamos al viento para que se pierda en la inmensidad de la nada.
No necesitamos tantas cosas. No nos da la felicidad ese consumo bestial a que nuestra sociedad nos empuja. Frenar, pensar, amar y vivir de la forma que, a la larga nos haría más felices.
Apenas una reflesion: cómo vemos ahora aquellas cosas que eran una rutina, lo que nos parecía aburrido y poco importante: un paseo por el campo tomando el sol, un encuentro con los amigos para abrazarnos y tomar, simplemente un cafe. Ahora, magnificamos estas pequeñas cosas y nos envuelve un recuerdo maravilloso. Tengamos en cuenta que llevamos pocos días en este confinamiento. Hasta donde estamos dispuestos a tomar medidas para cambiar nuestra vida, que será lo que aliviará el planeta.
Creo que vale la pena intentarlo.

María

1 comentario:

Maria Naranjo dijo...

Nos jugamos mucho, espero que aprendamos algo.