Es una frase y hay
muchas más. Todo pasa, pero no es verdad que pasa. Algunas siguen
acompañándonos los días, las noches y respiran con nosotros. Es como una ola
que nos envuelve y a veces nos ahoga, en una nube que nos engulle y a veces nos
paraliza.
Un día una voz llama y
pronuncia un nombre, ese nombre, esas cinco letras que te atraparon desde hace mucho
tiempo. Y tú, guardas un momento de silencio y después, dices que ya está
arriba de las nubes. Entonces la voz guarda silencio, se nota afectada, luego
dice que desea compartir una emoción contigo.
-Una noche, yo estaba
muy mal en el hospital, después de una operación vivía un momento muy duro, mareado, lleno de dolor, el malestar me tenía como en un letargo. Entonces, fue
como si un Ángel se acercara a mí, me cogió la mano y aquel calor que me
trasmitía me infundió fuerzas. Sus palabras eran como la misma brisa, fue tanto
el consuelo que recibí, que no he podido olvidar su voz, su calidez de persona
maravillosa. Y hoy, después de mucho tiempo he sentido la necesidad de
compartir ese momento, ese sueño que muchas veces ha llegado a mí en la noche
para recordarme su cara, sus ojos y su bondad.
Vivencias, y más
vivencias que acompañan siempre una historia, una vida que está impregnada
dentro del corazón. Esa esperanza de volver a empezar, ¿Dónde?, qué más da, ¿un
espacio entre las nubes?, ¿una playa remota aunque sea diferente?, ¿unos cuerpos
que ya no serán cuerpos? Pero serán dos amores en uno. Ahora que estoy
escribiendo, sé que ella está leyendo estas palabras, sé que sonríe, porque
está construyendo ese rincón que alberga las almas que se aman, las almas que
se buscan, y se buscan porque no pueden vivir una sin la otra.
María

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