martes, 2 de junio de 2020

CUENTOS DE ALAN, IRENE Y LUCAS...


                                                                  El reencuentro

Vivimos un tiempo muy extraño. Todo lo que recuerdo de mi vida es ir al colegio, ir de viaje, jugar con mis amigos y hacer un mundo de cosas. De pronto, me veo metido en casa, sin salir a ninguna parte, solo dando vueltas a mi casa. Bueno, creo que todavía tengo suerte, porque tengo en el patio una colchoneta para saltar, y una canasta de baloncesto; eso y las vueltas que podemos darle a la casa.
Mi madre ahora trabaja en casa y mi padre va algunos días a su trabajo y otros también trabaja desde casa. 
Como se puede ver es una cosa extraña. De pronto ha llegado ese virus estúpido que ha sido capaz de encerrarnos a todos como en una prisión. Lo único que hacemos, es salir a las ocho al patio, poner la canción de resistiré y aplaudir, para agradecer a los médicos y a las enfermeras que cuidan a todos los enfermos por culpa de ese estúpido virus.
Ahora ha cambiado algo, podemos salir una hora a la calle para caminar, o para ir en bicicleta o patinete. Eso ya está mejor. Aunque no puedo ver a mis amigos. A los yayos los veo desde lejos.
Otro cambio más, ayer, por primera vez fuimos a casa de los yayos a comer, que ni sé el tiempo que hacía que no íbamos. 
He escuchado muchas cosas de ese virus, parece que es bastante maligno si lo pillas, la gente se puede morir y todo. Te da fiebre y si te encuentras muy mal que ya no puedes aguantar, es cuando entras al hospital. Algunos no pueden respirar, entonces he escuchado, que le tienen que poner un aparato para respirar. Debe ser horrible. Los que son mayores tienen más posibilidades de morirse. Por eso hemos estado muchos días sin ver a los yayos. Cuando pudimos salir, fuimos delante de su balcón solo para verlos. Ahora ya pueden salir también una hora al día.
Lo que pasa, es que mi hermana y yo estamos todo el tiempo junto. y ya sabéis lo pesadita que es y a veces no la aguanto.

Alan

Soy Irene, después de muchos días metidos en casa por ese maldito corona-virus, al menos podemos salir con la bicicleta, con el patín o andando. Ni vamos al cole, ni quedamos para merendar con algunos amigos, ni nada de nada. Tampoco vamos a casa de los yayos, bueno, por lo menos fuimos ayer y estuvimos jugando mucho rato, Es que dicen los papis, que los yayos, como ya tienen muchos años, sería peligroso que se contagiaran con el virus. Yo no sé cómo ni de qué manera, pero por si acaso, yo llevo siempre que voy a la calle mi mascarilla. 
Son días extraños, porque nuestra costumbre antes de llegar este maldito, los días de la semana eran: ir al cole, jugar con los amigos, o ir a comer algunos días a casa de los yayos. Los fines de semana siempre íbamos por ahí:  a veces al Tibidabo y a muchos sitios más. También hacíamos barbacoas en casa con algunos amigos. Pero este tiempo hemos sido nosotros cuatro. No venía el primo Lucas, ni Daniel, los mellizos o la Adriana, que se está poniendo grande y gordita.
Aunque mi casa no es demasiado pequeña y tenemos cosas para jugar, a veces Alan y yo..., bueno, pues que nos peleábamos un poco.
Parece que pronto podremos juntarnos con los primos, a lo mejor también con los amigos, entonces será otra vez la vida normal, o casi normal.
¡Ah!, me ha dicho mi madre que el lunes ya puede venir Lucas y sus hermanos. No sé si tendré que llevar mascarilla. Pero creo que a Daniel y Adriana todavía no podemos verlos 

Irene.


Soy Lucas, mirad si es ahora la vida rara, que en mi cumpleaños ni hemos hecho una fiesta. Decíamos que sería una fiesta virtual. Pero qué tontería de fiesta, ni me pudieron hacer regalos ni nada. Nos veíamos todos por el móvil, todos hablando a la vez y sin enterarme da nada. En casa sí me hicieron un regalo, también hicimos un pastel, pero lo comimos nosotros entero. Así que una tontería. Me han dicho que me harán los regalos cuando nos veamos, creo que será pronto y así podremos jugar con alguien que no sean mis hermanos. No creáis que no los quiero. Si los quiero, pero son un poco pesados, me cogen mis cosas, enredan todos los juguetes y a veces acabamos de pelea.

El corona-virus, es un vichito muy pequeño, pero si se mete en tu cuerpo te pones muy enfermo. Yo he preparado un liquido en un recipiente y lo echamos al aire para matar al corona-virus. No sé si habré matado a alguno, yo creo que sí. Durante muchos días no salíamos de casa, metidos de día y de noche sin nadie más que nosotros cinco. Y vale, que los quiero a todos, pero los días se hacen largos sin ver a nadie más. Eso era muy pesado. Solo salimos mamá y yo al dentista, porque tenía una caries en una muela y se me hinchó la cara. 
Al final nos dejaron salir un rato cada día. Pero no podíamos juntarnos con mis amigos para jugar con ellos. Yo digo, que ese corona-virus, es malísimo y tenemos que acabar con él lo antes posible.
hoy nos ha pasado una cosa muy extraña: estábamos en el sofá, mi madre se ha levantado para ir a la cocina. Yo ni sé para donde miraba, y de pronto, Teo está en el suelo sangrando por la nariz. Ni sabemos cómo ha pasado. Como es muy valiente ni ha llorado, se tocaba y decía, sangre, pero nada más. Al final se ha metido en la bañera y le han puesto hielo. Pero qué susto.
Ahh, el lunes podemos ver a los yayos y a los primos,

Lucas



  

2 comentarios:

Auri dijo...

Inmersa en ese mundo infantil, tan especial y atrayente, donde todo es tan diferente. Que mayor placer que ponerse en el lugar de un niño, con esa inocencia.

Maria Naranjo dijo...

Gracias Auri. metiéndonos en su piel, es un tiempo recompensado.