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Ya estamos de vuelta al colegio. Ya tenía ganas de verdad. Ha sido mucho tiempo sin encontrarme con mis amigos. Ya sabéis, por el tema ese de la pandemia. Es una cosa muy tonta; un virus, una cosa tan pequeña que no se ve nos ha encerrado en casa. Hemos tenido que dejar de hacer muchas cosas que queríamos, como ir de vacaciones lejos a sitios muy bonitos que nos divertíamos mucho. Aunque nos hemos divertido igual. Pero lo que quiero deciros, es que no entiendo tanto lo del virus. Lo peor, son las personas que se han muerto y que a lo mejor no se
iban a morir todavía. Eso es una putada.
Nosotros en el confinamiento, cuando no se salía a ninguna parte, lo que hacíamos era dar vueltas a mi casa, saltar en la colchoneta y meter el balón en la canasta que tenemos en el patio. Por esas cosas que os cuento, nosotros teníamos suerte. Porque eso de estar todo el tiempo metidos en un piso, si además tienes una hermana pesadita, uno de esos días a lo mejor puedes explotar. Aún y así, yo algún día exploté. Cuando nos dejaron salir a algunas horas, fuimos al piso de los yayos, pero no al piso, ya que nos quedábamos abajo y ellos salían al balcón y nos veíamos. Otros días venían ellos a casa, pero nos veíamos unos arriba y otros abajo.
Luego, ya fuimos viendo a los primos y estas vacaciones a los abuelos.
En clase, todos tenemos mascarilla. Si un niño tiene fiebre se va a casa.
Volviendo a las vacaciones, además de ir a Casa Vieja tres semanas, a la vuelta nos fuimos dos semanas a la playa. Que dice mi madre que tenemos mucha suerte. Y creo que es verdad. Pues a ver si sigue la suerte y seguimos en el cole sin ese royo del virus, que yo lo paso bien con mis amigos.
Cuando nos toca educación física, algunos de mis compañeros han perdido mucho ritmo. Eso del confinamiento nos ha hecho mucho daño. Yo, como siempre estoy saltando en cualquier sitio, es por eso que me he mantenido como antes de la pandemia, tanto, que un niño corriendo llegó después que yo que iba metido en un saco.
Bueno, hasta otro día.
Ya casi parece que sean los días normales, ya vamos al cole, podemos jugar con los amigo@s, y hasta he podido celebrar mi cumpleaños. Que ya tengo siete. Ha sido un poco complicado por eso de los grupos pequeños. Así que he tenido que organizar tres grupos para no pasarnos de diez personas. Me han regalado cosas diferentes en mi cumple, pero lo que más me ha gustado son unos patines de linea. Porque a mí me gusta mucho patinar. Ahora que no voy todavía a la piscina, al menos puedo patinar. También me gustaría ir a atletismo. Pero ya veremos si me apuntan. Ya tenía ganas de ver a mis amigas y jugar un rato con ellas.
Pero antes de eso han sido las vacaciones. A pesar del virus y todo ese rollo nos fuimos a Casa Vieja con el papi, ya que la mami tenía que trabajar. Creo que fuimos tres semanas: íbamos al río, a la piscina y hacíamos excursiones a la sierra. Estábamos con los abuelos. A pesar de un verano tan extraño como el que estamos viviendo, lo hemos pasado bien. Porque además cuando llegamos a Barberá nos fuimos a la playa. Por la mañana íbamos a bañarnos con los yayos y por la tarde venía mamá. Algunos días volvíamos a la playa y, otros nos fuimos al paseo marítimo que había una feria y nos subíamos en una colchoneta que saltabas mucho para arriba. Cuando mi madre cogió vacaciones nos fuimos a casa y entonces no parábamos ni un día. Fuimos a ver museos, (que la mami es muy aficionada), Y al final de ver tantos, hasta nos gustan. Sobre todo, vamos siempre a los que son gratis. Yo tengo bastante dinero ahorrado, casi cien euros. Pero mi hermano tiene más, ya que es muy garrapo y no lo gasta. A mí me gusta gastarlo.
Se me han caído no un diente, dos, y ahora tengo un sitio grande sin dientes. Pero, lo bueno es que el ratoncito Pérez me ha traído monedas, y hasta un paraguas chulísimo. Y ahora a esperar que me crezcan.
Este curso en el comedor, la comida no está muy buena. Espero que vuelvan a traerla como el año pasado que sí estaba buena.
Adiós.
Irene
Este curso del cole es diferente, ya que van los mellizos también. Aunque no están en mi clase, yo sé que están cerca. Los dos van muy contentos, porque el curso pasado iban a la guardería y yo al colegio de los mayores. Por eso este nuevo curso, tanto Nico como Teo se siente muy importantes por venir a mi colegio, y dicen: "ya soy ggrraannde". Lo cierto, es que este curso es bien extraño por eso del virus. Algunos de mis amigos están en otra clase, ya que somos menos por clase y nos han separado. Menos mal que alguno de mis mejores siguen en mi clase. Alguno se ha ido, pero no pasa nada.
Los mellizos siguen igual de trastos. Una de las cosas que más les gusta, es entrar en mi cuarto y cogerlo todo, poner mis cosas desordenadas, sabiendo que eso a mí no me gusta. Pero ellos se ponen como locos, y yo como loco. Pero lo peor, es que si yo alguna vez no estoy en casa, eso es un desmadre.
Los días del confinamiento fueron muy duros sin poder salir de casa, a veces no había quien nos aguantara. Yo lo reconozco, mis padres trabajando en casa y nosotros loquitos perdidos, pues eso, una locura. Cuando nos dejaron salir, sí que volábamos como los pájaros. Qué alegría de poder correr por el bosque. Íbamos a un bosquecillo que tenemos cerca de mi casa donde hay moras. Cogíamos muchas para hacer un pastel, pero nos comíamos casi todas antes de llegar a casa.
Después de poder salir, también podíamos ver a la abuela y a los yayos. Hasta fuimos una semana a la playa y lo pasamos muy bien. Nos tirábamos al agua y cuando venían olas nos llevaban para afuera y nos metían la cabeza debajo del agua. Eso era una cosa muy divertida. Cuando mis padres cogieron vacaciones, nos fuimos a un campin y fue divertidísimo.
Y ya estamos de vuelta a la vida normal. Normal si el virus nos dejara tranquilos.
Cuando fue el cumpleaños de Irene estuvimos con los primos, pero como no nos dejaban juntarnos muchos, solo estuvimos con Alan y Irene. y por eso hace muchos días que no vemos a Daniel ni a Adriana.
Lucas

2 comentarios:
Una crónica divertida a los ojos de unos niños que como todos han conocido un verano diferente.
¡Ay!, los nietos, cómo nos atrapan. ¿verdad Auri?
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