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Hoy quiero centrarme en la ligereza
del viento, quiero pensar que todo pasará,
que la vida no es más que un sueño
y el despertar una luz cegadora.
Eso andaba pensando, cuando el televisor
arrojó sobre mí la pesadilla,
la pesadilla que no acaba.
Antes el mar con sus fauces abiertas,
ahora el fuego desahuciando
a los ya desahuciados.
Lonas, y más lonas, y tres días sin comer
y tres días sin beber,
vestidos solo con el abandono.
Un padre joven, enseña a Merquel a su hijo,
quiere ir a Alemania, imagino que un sueño.
Sueños en las mentes.
¿Quién les robó el derecho a soñar,
quien les roba el derecho legítimo?
Sus sentimientos andan por el espacio,
se pierden en el ocaso del abandono.
El mundo sangra humillado,
mientras la opulencia se pasea...,
y se agranda, mientras la tierra, enferma,
llora el espanto de todos los sin techo.
María

2 comentarios:
Sueños penas y desencanto. Gente que sufre y una tierra que se conmociona y se retuerce. Es lícito desear que todo esto acabe. Lo mejor de una pesadilla es cuando acaba. Lo expresas con la humanidad que te caracteriza.
Ojala, pudiéramos juntar las manos, pedir un deseo y que este se concediera. No más dolor, no más exiliados. Que cada uno pueda vivir en su tierra, se no se van por gusto.
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