martes, 23 de febrero de 2021

LA TERCERA EDAD: CONTRA LA ENTROPÍA BIOLOGICA... DE AURELIA GARCÍA...

 

                                                                        vitonica.com

Un número importante de las personas que componen la sociedad, que no han llegado a los cuarenta, se permiten ser críticos e irónicos con quienes superados los sesenta viven un amor tardío. Reprobando que expongan sus sentimientos en público de forma abierta. Manifiestan su incomodidad hasta el punto de que se permiten mofarse de ellos. Sin embargo, estas mentes oblicuas pierden un tiempo precioso en ridiculizar a los demás, mientras con desenfado van coleccionando aniversarios pletóricos de celebraciones, fiesta y champagne. Y cuando van a darse cuenta han perdido la lozanía en la piel, su cara ha adquirido un tono ajado, se les ha caído el pelo o dado paso a las canas en un desgranar años. Y es al vivirlo en sus propias carnes cuando se dan cuenta, —aunque tarde— que en su interior no ha cambiado nada, que siguen teniendo sueños, ilusiones y capacidad innata de amar… Quizá entonces puedan entender, a quiénes antes maltrataban.

Hoy en día tanto los autores consagrados como noveles, que alcanzaron la tercera edad, ya libres de la censura, se sienten capaces de escribir libros sobre el amor apasionado y el sexo más salvaje, o poesías intimistas del sentir más exaltado.

Muchos de los científicos, inventores y descubridores, dedicaron toda su vida a perfeccionar sus ideas y fue tras duro trabajo que se les reconoció sus logros y proezas con la culminación de algunas de sus aportaciones en diferentes disciplinas, ha edad avanzada. Por no olvidar a los que se dedicaron a “Las Bellas Artes”, verdaderos artistas todos ellos; cuya larga lista impide poder hacerles una mención particular como se merecen, en reconocimiento de sus habilidades.

Aunque pueda parecer que nos hemos desviado de la primera cuestión que ha generado la presente exposición…vaya la aclaración para las gentes superficiales, cuya frivolidad les ha impedido indagar sobre estos virtuosos en todos los campos. Y la edad que contaban cuando fueron galardonados.

Estos ilustres representantes que aportaron (hombres y mujeres) en la tercera edad, todo un mundo de mejoras y sapiencia, son reverenciados. Y, sin embargo, a otros menos privilegiados se les coarta lo más sencillo. Amar. Cada cual aporta lo que tiene. No todos podemos contar con un “Premio Nobel” en su haber, una condecoración o cualquier reconocimiento a sus pericias intelectuales, sociales o de la índole que sean. Pero tienen otras cosas que ofrecer. Unos sentimientos que les pueden hacer sentir grandes, generosos, y si me apuran, hasta levitar… Sentirse ligeros más capaces.

Hoy los mayores se acicalan. Ya quedaron atrás los tiempos en que las personas aparentaban ser abuelos cuando no tenían más de cuarenta años. la forma de vestir, el arreglo personal, sus caras maquilladas y el huso de cremas anti edad. Hoy los verdaderos abuelos dan la imagen de personas activas y comprometidas con las reivindicaciones sociales. Han retado al gobierno que ningunea los años de cuantiosas cotizaciones durante toda una vida laboral,

“obsequiando” a los jubilados con una ínfima pensión que han de compartir con hijos y familiares desempleados. Y si se piensa, han retado a la entropía biológica, ralentizándola para llegar a la tercera edad con una mejor imagen.

Volviendo al tema que nos suscita. El amor es cómo una sublimación. Nace y si se le alimenta crece. No entiende de edad, arrugas, o condicionamientos sociales. Nadie tiene derecho a desvirtuar la vida de estas personas de avanzada edad, —entre las que me encuentro— proponiendo que en el último periodo que les queda por vivir, se limiten a vegetar.

Es lamentable quiénes piensan que a las personas que ya han alcanzado cierta edad el amar les está vetado. Al contrario… ¡El amor les rejuvenece! Reactiva su vitalidad y les hace sentir sentimientos y sensaciones de nuevo. Temblar como quinceañeros con la proximidad de sus cuerpos bajo las sabanas. Entregarse con pasión y pasar la noche, después de consumar su amor, acariciándose o atribuirse palabras dulces, debería ser lo normal y lo aceptable. ¿Quiénes somos para juzgar?

Mirando a través de un prisma de egoísmo se espera de nuestros mayores otro comportamiento. Que sean los canguros de los nietos, ofreciendo su experiencia en temas domésticos, y que guarden silencio en las decisiones equivocadas que adopte la familia, por considerar sus consejos obsoletos. Si la mente aún reacciona con lucidez y envía mensajes a los sentidos: ilusiones, proyectos y curiosidad por todo, ningún colectivo tiene derecho a decidir lo que han de sentir. No es insensato demostrar que siguen vivos, pues ya que viven, que no se limiten como las plantas a permanecer en el lugar asignado.

Resumiendo…, De mi opinión por todo lo dicho se desprende que es completamente lícito, que quiénes han optado por ser coherentes con sus sentimientos, —en la última etapa por la que pasa su existencia—, hayan decidido ser fieles a lo que sienten y vincular vida, amor y tercera edad, sin que se les considere seres trasnochados. Por qué… ¿Alguien dispone de una alternativa mejor para vencer la soledad y tristeza que acompaña a los últimos años? Por no hablar de los males mayores entre ellos; el desencanto, la depresión y la desgana.

Mi punto de vista es que el «Amor con mayúsculas», es el mayor reconstituyente y la profilaxis especifica más avanzada y adecuada. A pesar de que la frase atribuida a Juvenal, «Mens sana in corpore sano», se presta a controversias sobre qué está primero, si lo psíquico o lo biológico o viceversa. Yo en mi modesta opinión pienso, que lo que está primero no es lo importante, que lo uno ayuda a lo otro. Pero aquí entraríamos en un análisis más profundo del tema, del tipo: «¿El huevo…? ¿O la gallina?».

Auri 

2 comentarios:

Maria Naranjo dijo...

Una realidad bien expresada. Auri nos expone el otoño, cuando ya las hojas comienzan a caer, pero no caen los sentimientos, las emociones y esa parte de los seres humanos que es el amor, eso que crea una vitalidad inigualable con el resto de las vivencias.
De acuerdo contigo Auri.

Auri dijo...

Gracias. Es un "ensayo" con este tema.