Todos los días cuando al anochecer
se va con el sol mi discernimiento,
pierdo los estribos no sé lo que hacer,
aprieto los puños y en ese momento
certera una daga se clava en mi ser.
Paraliza como agua estancada
se nutre del foso del padecer
engulle lo certero del pensamiento.
Pero, al llegar la calma la furia desaparece
y la niebla se disipa dejando la mente clara,
echo por la borda todo lo que escuece
y acepto que fuimos dos gotas de agua,
que, entrelazadas a otras gotas, mezcladas
en la corriente. De un río insignificante
creamos felices, para los dos una playa.
Y en el meandro de mil vericuetos,
de pequeños saltos y fugaz recorrido
quién sabe si alguna vez convergeremos
o por siempre separados vagaremos
en un deambular solitario y compungido.
Dicen que las palabras se las lleva el viento.
No olvido cuando aún tenías alma,
con tanta dulzura tú me hablabas
que las aves anidaban cerca de nosotros
atentas a absorber la miel de tus palabras.
Auri.

2 comentarios:
Auri nos habla en sus poemas de sentimientos, de palabras entrañables que a veces se las lleva el viento. ¿Qué queda después del arrastre del viento? Diría que los recuerdos de los mejores momentos.
Pero a Auri le gusta trabajar cada poema, le gusta buscar la rima, el encanto de un buen poema.
Aquí estamos, esperando siempre sus palabras.
Gracias María por tus comentarios acertados y valiosos. Besos.
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