lunes, 24 de septiembre de 2012

UNAS VACACIONES ESTUPENDAS

 
 
 


 
 
 
 vacaciones verano - 2012
Yo creía que tantos días en la playa, eso eran las vacaciones. Pero estoy aprendiendo que las cosas no siempre son como yo las veo.
Un día metimos en el coche una maleta y muchas cosas más. Me sentaron a mí en la sillita, mamá iba en el asiento de al lado y papá al volante. Que no sé si os he dicho que conduce de maravilla, o al menos a mí me lo parece.
Llegamos a una casa que no había visto nunca, llamamos a la puerta y nos abrió un hombre que nos conocía, por lo menos a mis papis, porque yo no lo había visto nunca. Creo que eso no era importante, ya que a los cinco minutos más o menos de vernos ya no era un desconocido. Se llama Casimir y en cuanto nos vio se puso muy contento. En la casa también estaba Lola, que es su mujer y también ella se puso muy contenta de vernos. Nos quedamos a dormir y todo con ellos. Tienen una piscina y nos bañábamos cada día y jugábamos un montón. Ellos tienen dos hijos que se llaman Pau y el más pequeño Casimir como el papá, pero todos le dicen Casimiret. Ninguno estaba en casa, seguro que estaban de vacaciones como nosotros. Tenían en la casa un caballo que sería de sus niños cuando eran pequeños, porque mamá me ha dicho que ahora son grandes. El caballo era muy bonito y a mí me gustaba llevarlo por ahí a pasear. Subirme en él no me gustaba, porque me diviertía más cuando lo llevaba yo.
Era mucho más grande que los caballos que tengo yo en la casa de la playa y era bien bonito . Ahora, algunos días me acuerdo del caballo.
Lola tiene una mamá que también se llama Lola, y es de cariñosa como Lola. Le gusta mucho coser, y yo no sabía lo que era eso, porque a la yaya y a mamá nunca las he visto hacer eso. Hacía una cosa con los tapones de la cerveza, esa cosa amarilla que les gusta beber a los mayores, lo sé porque yo me fijo mucho. Lo que hacía era muy bonito. Aunque no sé que es ni para qué sirve, pero de todas formas es bonito.
Estuvimos unos días en su casa con ellos. A veces venía visita. Creo que venían a ver a Casimir y a Lola, pero como nosotros estábamos allí, pues también nos veían a nosotros. Yo estaba encantado de la vida, porque ya los conocía mucho y con ellos lo pasaba requetebién. 
Después de unos días, otra vez al coche y a conducir papá por la carretera. Después de algunas horas llegamos a Granada. Lo supe pronto, porque dijeron mis papis. ¡Ya estamos por fin en Granada!, y era verdad, estábamos en Granada.
Fuimos a la casa de unos titos. Yo no me acordaba de ellos, pero dijeron que el año pasado estuvieron en la casa de la playa y éramos amigos. Pero de todas maneras no me acordaba, debe ser porque era pequeño. Enseguida me enteré de sus nombres, porque mamá dijo: Ana Belén, y luego dijo Álvaro. Así que ya lo sabía. En la casa también había un primo pequeño, pero mucho más grande que yo. A él si lo conozco, porque cuando la yaya me enseña fotos me pregunta, ¿como se llama este primo? y ya sé yo que se llama Álvaro, pero me ha dicho que le diga Alvarillo. Así que le diré Alvarillo.
También me pregunta la yaya, ¿como se llama este primo? y le digo: Fernando, y también es mi primo porque le he visto en Madrid y es mucho más grande que yo. Y hasta podría ser que fuera un tito.
Cuando llevábamos un rato en la casa de los titos de Granada, mi primo me llevó a su cuarto. ¡Madre mía qué de juguetes tenía!, en cuánto entré vi a Epi, y al lado estaba Blas, que yo los conozco muy bien porque están dibujados en los cubos con los que jugamos en casa de los yayos. Ni puedo decir la alegría que me dio de verlos y poderlos coger, como puedo coger a mi amigo Pablito, o al Gato. Ellos son dos muñecos que me hablan y quieren jugar conmigo. Siempre, cuando me hablan, se ponen en la mano de la yaya. Me fijo en la voz, porque un día el tito Rafa se los puso en la mano y vi que él movía los labios, pero no puedo ver si los labios de la yaya se mueven. Por eso creo que ellos me hablan.
Como os decía, mi primo Álvaro, o Alvarillo, tenía muchos juguetes y me los dejaba todos. Estuvimos jugando mucho rato y no os podéis imaginar la de juguetes que tiene. Yo no me hubiera ido de allí y habría estado jugando mucho tiempo con todos los muñecos conocidos y juguetes.
Nos fuimos a dormir un poco tarde, que en mi casa me voy pronto a la cama. Cuando termino de comer papá dice: ¡Venga, a la cama!, y me lleva a la cama. A veces quiero quedarme un rato más, pero papá dice: ¡No, a la cama y se acabó! Y ya está, no hay nada que decir, porque los mayores siempre quieren mandar.
En cuanto llegué a la cama me quedé frito. Lo de frito no está muy claro lo que quiere decir. Porque lo que se fríe se come, y a mí nadie me va a comer. Pero escuché decir al tito Álvaro que cuando llegáramos a la cama nos quedaríamos fritos. Así que yo me quedé frito.
Al día siguiente fuimos a la casa de la tita Ana Pérez, que ella es la abuela del primo Alvarillo. La tita se puso muy contenta de verme y me preguntó muchas cosas, y yo sabía decirle todo, ya os he dicho que sé casi todas las palabras. Me preguntó donde estaban los yayos y le dije que en la playa. Entonces tuve una sorpresa grande. De pronto llegaron las primas que había en la casa de la playa y también sus papás. Al verlas allí me hice un poco de lío, pero luego pensé que si yo estaba antes en la playa y ahora estaba en Granada, pues ellas también podían. Porque a veces hay cosas que no entiendo, pero si las pienso un poco ya las veo que son normales. Además de todos los primos que os he dicho, también había otra tita que se llama Patri, no sé si es casualidad que se llama como la prima Patri. También estuvimos comiendo en su casa, en la de la tita Ana Pérez y en la de las primas M. Eugenia, Julia Y Patri también. Ese día jugamos mucho y nos divertimos un montón.
Una noche fuimos a un sitio donde había música y a mí me gustaba. Cuando paraba la música todos aplaudían, yo también hacía palmas y decía bieeennnn...
Luego nos subimos otra vez al coche. Pero no volvimos a casa. Llegamos primero a Casavieja, que es donde hay una casa de los abuelos. Cuando llegamos a una plaza vi a muchos niños jugando y pensé: "Estos niños seguro que también son mis primos y me fui con ellos y les dije : hola primos" y me dejaron jugar con ellos.
Los primeros días estábamos solos en la casa nosotros tres, pero después llegaron los abuelos y ya estábamos todos. Pero antes, en la casa de al lado estaba mi primo Fernando que vivía con su papá. Fernando es más grande que yo y lo paso muy bien con él. Me habla como si yo fuera grande como él y a mí eso me gusta. También había unos titos que se llaman M. Carmen y Fito, que creo que son los papás del primo Jorge que vino a casa con la prima Jessica de Australia. Y todos son muy buenos y juegan conmigo, me preguntan todo y como a mí me gusta mucho hablar... Papá dice que soy un brasas, no sé que será eso.
También estaba el tito Blas que creo que ya os he dicho que es el papá de Fernando. Por la noche nos sentábamos en la calle, bueno se sentaban los mayores que les gusta mucho sentarse. Lo bueno que tenía es que estábamos todos y además en la calle no hacía calor.
La abuela me decía: "¡Que te como, que  te como!" y me hacía gracia porque sabía que no me comería de verdad, eso creo que es que me quiere mucho, y lo decía de contenta que estaba. Igual que el abuelo que me decía: "¡Qué nieto tengo tan guapo!" y también me dice "chorri", que tampoco sé lo que es.
Íbamos todos a hacer excursiones, a la piscina, a tomar el fresco como os he dicho antes. Así que nos acostábamos muy tarde.
Una de las cosas más emocionantes que hicimos fue ir de pícnic una noche, con los papis, los abuelos, la tita M. Carmen y el tito Fito, y también Fernando y Blas. Entre todos prepararon cosas muy ricas de comer y cuando ya no hacía calor nos fuimos para las mesas de pícnic que hay al lado de la piscina de Casavieja. Mamá y papá llegaron antes, para intentar coger sitio. Menos mal que lo hicieron, porque estaban casi todas las mesas ocupadas. A mí me gustó mucho esa cena, porque comí jamón, que ya sabéis que me encanta, y también queso y tortilla rica de pimientos y muchas cosas más, y lo más chulo de todo es que estábamos rodeados de árboles y montañas. Cobi, que es uno de los perros de la tita M.Carmen y Fito -el otro se llama Simba, que como es mayor ya no hace tantas travesuras- hizo una gran travesura y a mí me hizo reír mucho. Estaba atado a un árbol y de pronto se quiso escapar y del salto que pegó tiró una silla que había al lado y casi tira el mantel con toda la comida encima. Todos pegaron un grito porque se asustaron, pero yo no paraba de reír.
Después de esos días tan guais nos fuimos a Madrid y vi a mi primo Alonso que se ha puesto muy grande, pero nada de gordito. Papá dice que está hecho un tirillas. Estuvimos jugando y lo pasamos bien. Después de un día más o menos nos hemos venido otra vez a casa.
Bona nit.

Alan 

5 comentarios:

C. Patricia Díaz dijo...

Qué gracia, con tantos primos y primas y tantos nombres repetidos. Desde luego que maravilla cuando Alan sea mayor y pueda leer todos estos cuentos. Sigue contándolos María, son la memoria para el futuro. Un beso grande para todos.

Mary dijo...

Yo me parto con las explicaciones de Alan que gracia con lo de quedarse FRITO jajajajaj y que bonito eso de salir por la noche al fresco de la puerta todos en familia, pufffff creo que con todo lo que cuenta Alan yo necesito vacaciones otra vez jajajaj..

GENIAL ALAN, UN BESAZO...¡¡¡¡

maria eugenia diaz canon dijo...

jajaja que bien selo paso ese pequeñito.etuvimos tan bien que dio pena que se fuera:yo creo k habia mucho primos.
;)

Maria Naranjo dijo...

Yo espero que Alan siga durante mucho tiempo contándonos sus experiencias. Sobre todo, teniendo en cuenta que es tan feliz, que cualquiera podría aprender de la manera que vive cada minuto.
Gracias por seguir sus aventuras.
María

Luis dijo...

Es verdad, cuántas cosas podemos aprender de ti Alan, haces lo que todos deberíamos hacer siempre ser felices como eres tú.
Un besito grande.
Saludos