Infancia lejana
No hay nada más
hermoso que el recuerdo,
nada más perfecto
–que amarte
igual que se
abrazan las olas y el viento.
Están dibujadas
tus manos en mi piel,
en mi retina, esa
figura que persiste,
esa voz que duerme
en mis oídos.
¿Donde habita ese
poema? -Ese que busco,
el que nos
envuelva en las palabras
en ese libro en
blanco, para escribir: amor.
Entre la lluvia,
dos gotas de agua,
al amanecer,
tenues gotas de rocío
donde las rosas
suspiran su corta vida.
El murmullo del
viento me lleva contigo,
las flores
susurran –armonizan una melodía
el ruido se
silencia, mis oídos te escuchan.
María

3 comentarios:
oídos, siempre dispuestos a escuchar.
Unos versos que acunan,los cinco sentidos dispuestos en una única dirección y todo lo existente postrado a los pies de quien mora en la memoria.
Gracias por dedicar unos minutos a unos versos sencillos. Aunque nazcan del corazón.
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