El vendaval trae en sus soplos
cuentos de los abuelos,
historias que sobrecogen
y en su ulular incesante
cantos de brujas y elfos.
Se filtra en las rendijas la voz del viento.
Acurrucados cerca del fuego
los niños crean sus miedos,
fantasmas entre las llamas
y en el crepitar de los leños.
Con la aurora el aire cambia de rol.
A la luz del día destierra los espectros.
No se anda el viento con tanteos
perdiendo oportunidades,
él sabe que es el mejor correo.
Lleva aromas de romero
y evoca algún escarceo,
olores a tomillo y lavanda
y bajo la sombra y rumor de ramas,
torbellinos repletos de deseos.
Trae de las noches nostalgia
pasiones descritas en balbuceo.
El viento mece los tallos
llevando las espigas al titubeo.
Trae de las cumbres el soplido fresco.
Se cuela en cañones con un mugido.
Avienta las parvas de los círculos.
Abraza con su brisa que potencia
la añoranza, de amores afligidos.
Auri.

2 comentarios:
El crepitar de los leños, ahora que va llegando el frío y apetece la chimenea, si se tiene. Las historias de los abuelos. Es tan tierno, tan emotivo, que cabe decir: Enhorabuena poeta, gracias amiga.
Tu siempre sabes cómo animarme. Y sabes leer entre líneas como gran escritora.
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