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INTENTÉ ALEJARME DE AQUEL PASILLO LARGO
me subí a un árbol
para borrar las huellas.
¡Hay!, pobre de
mí, como si fuera posible
borrar el
pensamiento, arrancarte la piel,
arrancar del
corazón sus caras y sus nombres:
Pedro, María, José
Luis y tantos otros.
Y alumbrando por
encima de todo
como una estrella,
Laura, su nombre
como el mejor
regalo del cielo.
A ellos no les vi
más, no pregunté
si estaban vivos,
si habían traspasado
la niebla. Ese era
otro dolor,
pero me falto
valor.
Ellos esperaban al final del pasillo,
esperaban, como
único premio del día.
Ojos anhelantes,
nuestros corazones
latiendo
descompasadamente,
la dureza de las
horas sin verlos
era un castigo.
Nuestros pasos se antojaban
ralentizados,
nuestro amor,
temores y anhelos se
mezclaban en una
amalgama de colores.
Heridos en el
alma, ilusión en las miradas;
todos allí, todos
una familia,
todos cuidando de todos, de las
palabras,
todos en la misma
burbuja.
Algunos días eran
luminosos,
días de trasplante,
todos sufriendo,
todos esperanzados
por que saliera bien,
todos felices
palpando la alegría,
todos viviendo un
día más.
María

2 comentarios:
Hay tanto amor en este poema para los demás, que como persona sensible te pones al lado de los que han sido heridos y tocados por el infortunio. Y siempre vuelves los ojos a donde está tu estrella para cobijarte como siempre en ella.
Si Auri, es fácil meterte dentro de todas las historias, vivirlas y acompañarlas desde el cariño, a los que como tú ocupan un espacio muy grande en un universo privado. Cuánto se llega a querer a todos los niños con los que convives. Y es verdad, es un drama perderlos, pero es así, falta valor.
Tengo que decir Auri, con el corazón en la mano, que creces cada día como poeta. Como persona ya eres maravillosa.
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