viernes, 6 de noviembre de 2020

UN LARGO PASILLO...

 

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INTENTÉ ALEJARME DE AQUEL PASILLO LARGO


me subí a un árbol para borrar las huellas.

¡Hay!, pobre de mí, como si fuera posible

borrar el pensamiento, arrancarte la piel,

arrancar del corazón sus caras y sus nombres:

Pedro, María, José Luis y tantos otros.

Y alumbrando por encima de todo

como una estrella, Laura, su nombre

como el mejor regalo del cielo.

A ellos no les vi más, no pregunté

si estaban vivos, si habían traspasado

la niebla. Ese era otro dolor,

pero me falto valor.

 

Ellos esperaban al final del pasillo,

esperaban, como único premio del día.

Ojos anhelantes, nuestros corazones

latiendo descompasadamente,

la dureza de las horas sin verlos

era un castigo.

Nuestros pasos se antojaban ralentizados,

nuestro amor, temores y anhelos se

mezclaban en una amalgama de colores.

Heridos en el alma, ilusión en las miradas;

todos allí, todos una familia,

todos cuidando de todos, de las palabras,

todos en la misma burbuja.

Algunos días eran luminosos,

días de trasplante, todos sufriendo,

todos esperanzados por que saliera bien,

todos felices palpando la alegría,

todos viviendo un día más.

 

María

2 comentarios:

Auri dijo...

Hay tanto amor en este poema para los demás, que como persona sensible te pones al lado de los que han sido heridos y tocados por el infortunio. Y siempre vuelves los ojos a donde está tu estrella para cobijarte como siempre en ella.

Maria Naranjo dijo...

Si Auri, es fácil meterte dentro de todas las historias, vivirlas y acompañarlas desde el cariño, a los que como tú ocupan un espacio muy grande en un universo privado. Cuánto se llega a querer a todos los niños con los que convives. Y es verdad, es un drama perderlos, pero es así, falta valor.
Tengo que decir Auri, con el corazón en la mano, que creces cada día como poeta. Como persona ya eres maravillosa.