Bebí las auroras contigo
con tu sonrisa sempiterna,
tus brazos son calor de abrigo
morada melosa que alterna.
Por mi fuiste luz cegadora
hasta donde locura alcanza.
Y me llamaron invasora
quienes pretendían venganza.
Conquisté y fui la conquistada.
Las migas que lancé al camino,
se las fue comiendo el destino
con la huella de su pisada.
Fuiste viento azote de dunas,
y yo sin evitar tu influjo,
dando rienda suelta a tu flujo,
abrazando todas tus cunas.
Eras agua fresca en mi rostro.
Alimento del alma mía.
Como al nacido es el calostro.
Como es, a la madre su cría.
Me convertí en la transgresora
de credos caducos mundanos.
Sin pesarme ser impostora,
sin norte y sin meridianos.
Auri.

2 comentarios:
De nuevo Auri nos sorprende con uno de sus poemas. medido y rimado, con una emoción de sentimientos que sin esforzarse despierta. Ella es poeta en todas sus formas, ya sea en verso, ya sea en esos relatos en los que te pierdes en sus historias, que suelen reflejar la realidad.
Gracias una vez más Auri
Gracias a ti
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