civitatis.com
Transcurría el 1959. En esa fecha yo ya había cumplido los diez años. Nuestra pequeña y
vecinal comunidad tenía su origen en las primeras oleadas de emigrantes venidos desde diversos
puntos de España. Nuestras tertulias veraniegas tenían lugar en plena calle; en las puertas de las
casas. Sentados en sillas que portábamos para tal menester. Se charlaba entre risas y
añoranzas, siguiendo la costumbre de la mayoría de los pueblos de España.
Las viviendas de entonces no contaban con las instalaciones básicas necesarias, y las calles sin
asfaltar se convertían en un lodazal cuando las lluvias llegaban. Pero había trabajo y al emigrar a
tierras de Cataluña era lo que nos hacía falta. Al instalarnos en esta tierra, hemos conseguido
muchos de los que vinimos aquí entender y leer la lengua catalana y lo hacemos en mayor o
menor grado. Hablarlo ya es otra cosa, porque pensamos en nuestra lengua madre… “EL
castellano”.
Justo al lado de nuestra casa vivía un matrimonio con un hijo, al que nombrábamos por el
diminutivo, Josito. Fuimos creciendo juntos y puede que él, desde sus catorce años me viera
como una niña, yo en cambio tenía diez y lo adoraba. Josito era un habilidoso de los bocetos de
imágenes que dibujaba con toda suerte de detalles, los que más, las aves de gran envergadura,
que plasmaba con gran acierto con alas extendidas y parecían cobrar vida y movimiento al
aplicarle tinta china. Buitres, halcones y águilas reales y también ¡Cómo no! se aplicaba en
plasmar la elegancia del albatros. Todos parecían estar planeando. Hoy pienso que la gran ave
que llevaba dentro esperaba la ocasión de ser liberada.
Esta familia manchega se carteaba con parientes que emigraron a Caracas. No sabían nada de
letras. —la alfabetización llegaría más adelante— Josito trabajaba desde niño y lo compaginaba
con la escuela. Yo tenía más tiempo y me ofrecí a escribir lo que me dictaran.
El padre de Josito murió en la “Dramática gran riada del 1962”. Le pilló en la fábrica. En aquella
noche trágica, mucha gente perdió la vida en la violencia de las aguas que arrastró personas,
casas, fábricas y maquinaria. Otros desaparecieron y de muchos no se supo nada. A Isabel y
Josito y otras familias las pusimos a salvo en mi casa. Los demás vecinos también se volcaron en
atender a los afectados por la virulencia de las aguas. Parece que estoy viendo a mi padre atado
a una gruesa soga agarrando a estas personas y ayudándolas a entrar en casa, apartándolos del
colector de medida insuficiente para achicar el agua, pero proclive en arrastrar a las personas.
Acabamos todos empantanados intentando salvar a los vecinos de aquel remolino que
amenazaba por tragárselas . Isabel y Josito y otros vecinos, después de la tragedia, vivieron un
tiempo en casa, Hasta que Isabel decidió pasado unos meses aceptar la invitación de reunirse
con su hermana en Venezuela, y a mí me tocó redactar esa carta que me costó lágrimas. El niño
de mis ojos que ya había cumplido dieciocho se marchaba, y ya despierta el ave que llevaba
dentro, desplegando sus alas, voló con alma inquieta a “Las Américas”.
A partir del día de su marcha este continente “el Nuevo Mundo” cobró protagonismo para mí,
golpeando mis catorce años, robándome a Josito. Aflorando de mi interior un interés por unas
tierras —lo digo con vergüenza— de las que no sabía casi nada hasta aquel momento. Desde la
distancia pasó a concentrarse en mí toda la información que fui capaz de absorber sobre el
mundo hispano: Los templos Inca, El tango argentino, Las playas venezolanas, Los carnavales
brasileños con su perfil polifacético y su colorido. Y a pensar en Josito que de la mente no me lo
quitaba. Al final me decidí a escribir a Isabel que me hizo saber que la mayoría de las veces no
sabía dónde se encontraba. Llevaba años de un lado para otro. Podían llegar noticias a los suyos,
—me explicó—, desde las Galápagos. Llevando a cabo reportajes sobre diversidad climática y
geográfica. Un nuevo Darwin en variante fotográfica. O documentales sobre el altiplano boliviano
mostrando los cultivos en áreas protegidas: Papa, quinua, habas etc. combinados con los cultivos
nativos: Reportajes sobre hogares y culturas ancestrales: (Los chimú, mochica etc.) Sus trabajos
artesanales y el folklore de estas etnias nativas, trasmitidos de generación en generación.
América se destapó ante mí como el resultado de una mezcla racial y una amalgama cultural
única con una diversidad apabullante. Josito viajaba por toda Centroamérica y países de
Sudamérica. En los documentales de la selva amazónica, hacía hincapié en los estragos
producidos por el hombre. Denunciaba las cicatrices que se le infringía al mayor pulmón del
mundo con la tala.
Enterado por su familia de que me interesaba por él y quizá aconsejado por su madre, me hizo
llegar documentales que hablaban de todas las noticias relacionadas. El último vídeo que me
envió trataba sobre el corredor seco centroamericano. Es curioso, y a la vez descorazonador, que
los países que más sufren la sequía; (Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua), a la vez,
sean los más afectados por las inundaciones y los fenómenos extremos. ¡Lanzaba un mensaje
urgente sobre la gestión del agua!» Por desgracia a estas fechas poco se ha conseguido, nos
hallamos en la misma situación y el mismo punto burocrático.
El continente absorbió a Josito por completo. Como a un ave en Los Andes. Encontró el amor
en una nativa llamada Marta que lo instruyó en todo lo indígena y americano. Y para completar
ese mestizaje cultural que culminó con la mezcla de sangre en sus hijos.
Josito se convirtió en José Luis, y yo comencé a verlo tan lejano como a una estrella. Y a pesar
de todo le tengo que agradecer que hoy conozco mejor a la América Hispanohablante: Su pasado
y su presente. Con el debido respeto a sus tradiciones y a sus lenguas nativas. Hay que ser
ingenuo para creer que, si miras para otro lado, la realidad del subconsciente va a dejar de ser la
que es. Hoy sé mucho más de sus gentes por capricho de la vida. Porque el amor que sentía por
Josito me llevó a ver los puentes tendidos entre América y España.
¡Entre el mar Caribe, el océano Pacifico y el Atlántico sur, se encuentra los subcontinentes, que
no solo oxigenan con su gran pulmón al resto de la tierra! También fueron las naciones que se
volcaron en tiempos pasados en acoger a emigrantes españoles que también se aventuraron a
hacer Américas y ahora la situación se revierte en nuestra Patria.
Hay grandes corazones que nos saludan ya sea desde la pampa, los altiplanos o las salinas;
España es como una madre que recibe con los brazos abiertos a sus hijos y los acoge.
Auri

3 comentarios:
Los albatros, vastos pájaros de los mares, que dijo Baudelaire, pájaros de enormes alas en un continente enorme, para cobijar un amor más enorme. Empatiza y llega al corazón esta confesión del primer amor.
Buen relato-vivencia. Convenientemente reducido, hubiera dado excelente material para acompañarnos a Pedro y a mí en el Orola. Seguro.
Un saludo, Auri.
Magnifico relato que nos adentra en unas tierras que muchos creemos hermanas. Será por la lengua.
Ese primer amor que es ligero como una paloma y vuela a donde haga falta, bien expresado y sin espavientos hace de este relato una bella historia.
La documentación muy precisa y enriquece la lectura.
Gracias por leerlo y por vuestros comentarios favorables.
Publicar un comentario