sábado, 30 de octubre de 2021

CAMBIO DE MALETAS... DE AURELIA GARCÍA...

                                                                  yoamoloszapatos.com


Al llegar a casa después de un viaje de estudios, me doy cuenta de que

en el aeropuerto me han cambiado la maleta. La estancia fue una

experiencia agradable. Visité lugares extraordinarios que se han quedado

para el recuerdo. Pero al intentar abrir la maleta observo que no entran

las llaves. La miro y está claro. Aquella, aunque muy parecida no es mi

maleta. «¿Y ahora qué?» —me digo.

En conclusión, si quería encontrar alguna pista de los dueños tenía que

forzar la cerradura. Dentro de la maleta encontré ropa exclusiva de

hombre. Por cierto, alabé el buen gusto y acierto para elegir la

indumentaria. Aspirando el olor a perfume caro que se desprendía del

interior, registre bolsillos con la esperanza de hallar algún teléfono o

dirección. Se me hacía raro indagar de esa manera en sus ropas, cuando

no lo hice nunca con mi antigua pareja. Sentía la culpa de quién estaba

vulnerando la intimidad de un extraño.

Este hecho nos colocaba en situación de proximidad. De pronto

sabíamos detalles el uno del otro. Detalles íntimos como gustos; cremas,

pasta de dientes o el perfume favorito. Tallas y hasta marca de

calzoncillos. Por suerte también encontré un teléfono y unos documentos

Era casi seguro que esa persona hubiese optado como hice yo, por abrir

la maleta, y en ese mismo momento estaría mirando si encontraba alguna

pista, registrar entre mis cosas y oler mi perfume. Me lo imaginaba con

mis prendas íntimas en sus dedos. Un ligero rubor encendió mi cara y una

oleada de pudor sacudió todo mi ser. «¡Qué tonta! —pensé— ¿Acaso no

estaba yo haciendo lo mismo que él?

Era tarde. Lo llamaría al día siguiente. Confieso que este hecho alteró

esa noche mi sueño. Por la mañana esperé a que fuera una hora prudente

y le llamé:

—Sí, sí, —dijo una voz—. Soy José Díaz. Me imagino que debo su llamada

por el error de las maletas. No sabía cómo llamarla. No he encontrado

nada.

—Yo tuve más suerte. Encontré una tarjeta de lo contrario no sé que

hubiésemos podido hacer. —Dije nerviosa, queriendo apartar de mi mente

la imagen de mis prendas íntimas en las manos de mi interlocutor.

— ¿Cómo hacemos para el cambio?

¿Es usted de Madrid? —Le pregunté.

—Sí. Si quiere podemos quedar… —se quedó pensando—, por ejemplo, en

el retiro o algún lugar que sea conocido.

—Perfecto. El retiro está bien —confirmé.

El encuentro obligado fue el principio de una bella historia. No todas las

parejas pudieron conocerse a través de sus pertenencias, antes de

haberse echado el ojo encima.

Auri.

2 comentarios:

Maria Naranjo dijo...

Las historias que nos cuenta Auri son muy entretenidas. Y casi siempre terminan bien, que es una cosa muy gratificante.
Y aquí quedamos, a la espera de una nueva historia.

Auri dijo...

Gracias a este pequeño rincón que me guardas en tu blog para mis escritos. Hasta una próxima ocasión.